Silvina Moschini
"Las
marcas están obligadas a prestar especial atención a su reputación online si no
quieren que su imagen pública se vea dañada"
Los
dispositivos móviles con acceso a Internet son el nuevo megáfono de los
consumidores. Un cliente insatisfecho ahora puede recurrir a las redes sociales
para manifestar su disconformidad cuando una empresa no cumple correctamente
con la entrega de un producto o servicio, y se niega a oír sus reclamos.
Imaginemos
la siguiente escena: una pareja se encuentra cenando en un restaurante. Cuando
llega la comida, los platos no son de su agrado y, además, el camarero los
trata de forma grosera. El hombre saca el móvil y envía un tweet en el cual
recomienda a sus contactos no ir jamás a cenar a ese lugar.
Otro
usuario, que tiene cientos de miles de seguidores en la red social, retwittea
el mensaje anterior agregando su propia mala experiencia en el local. En
minutos, el mensaje inicial se disemina a través de Twitter y es leído por
millones de usuarios. Esta postal, que hasta hace algunos años era
prácticamente imposible, hoy puede apreciarse casi a diario. Los consumidores
nunca han tenido tanto poder. Cuentan con herramientas al alcance de su mano a
través de las cuales pueden expresar satisfacción y conformidad pero, también,
ira, enojo y frustración.
Hasta
hace algunos años, un usuario descontento con un producto o servicio podía
recurrir a añejos y burocráticos libros de quejas que, probablemente, nadie
verificaba. Podía comunicarse con una línea de atención al cliente en la cual,
tras minutos de espera y de saltos de operador en operador, con mucha fortuna
podía encontrar la promesa de un resarcimiento en el futuro. Pero hoy los
usuarios tienen la posibilidad de venganza en la punta de sus dedos. Un
consumidor disconforme, con acceso a plataformas como Facebook o Twitter y
ganas de hacer escuchar su descontento, ya no es sólo un cliente perdido, es
también una amenaza para la reputación de una marca.
United
Airlines: cómo perder millones por no escuchar a los usuarios
Sin lugar
a dudas, el caso de venganza de usuarios más famoso de Internet es el del
cantante canadiense Dave Carroll. Durante un viaje en la compañía aérea United
Airlines, la guitarra eléctrica del músico fue dañada, y el artista debió
invertir 1.200 dólares para repararla. Luego de múltiples reclamos y de la
negativa de la empresa a hacerse cargo de los costos, Carroll grabó un tema
musical llamado United Breaks Guitars, que ya tiene hasta el momento más de 11
millones de visualizaciones en YouTube y obtuvo medio millón de visitas en los
primeros tres días posteriores a su publicación.
Según el
diario británico Daily Mail, no escuchar los reclamos de Carroll fue, para
United Airlines, un pésimo negocio. Luego de la publicación del video, las
acciones de la aerolínea registraron una caída del 10%, lo que equivalió a una
perdida 180 millones de dólares. Además, después de que el tema musical se
convirtiera en un éxito de audiencia, la empresa decidió recompensar a Carroll
ofreciéndole 1.200 dólares en billetes gratuitos, oferta que el músico rechazó
solicitando a la compañía que donara el dinero a una institución de caridad.
Sears:
culpar al usuario no es una buena opción
Otro
episodio particularmente destacado es el de la empresa de artículos para el
hogar norteamericana Sears. Todo comenzó cuando un cliente de Texas decidió
comprar un nuevo refrigerador. El comprador pidió a la compañía que su pedido
fuera entregado en su casa pero, con tan mala fortuna que, mientras hacía la
entrega, el conductor del camión atropelló y mató a su perro Toot. El dueño del
animal exigió a la empresa algún tipo de reparación, pero desde Sears
argumentaron que la muerte de la mascota había sido culpa del usuario, ya que
la misma se había cruzado en el camino del repartidor.
Pocos
días después el cliente subió a la web el sitio SearsKilledMyDog.com (Sears
Mató a Mi Perro), que en cuestión de horas se convirtió un enorme suceso
gracias a la viralización del caso vía Twitter, Facebook y el sitio de
consumidores The Consumerist. Por suerte, en este caso la historia tuvo un
final feliz: el mismísimo presidente de Sears, Will Powell, se comunicó con el
cliente y le ofreció cubrir los costos que habían generado la pérdida de su
mascota, y reembolsarle el costo del producto comprado. Al día siguiente el cliente
decidió dar de baja el website.
Ojos bien
abiertos
Cada vez
más, la web juega un rol fundamental en las decisiones de compra de los
usuarios. Sitios de reseñas, redes sociales o plataformas como Google+, donde
conviven las opiniones de los navegantes con los resultados de los motores de
búsqueda, son herramientas esenciales a la hora de decidir la adquisición de un
producto o servicio.
En este
contexto, las empresas deben entender que su imagen pública ya no está
exclusivamente en manos de sus departamentos de marketing, comunicación y
relaciones públicas. Los usuarios, a través del poder que le dan las
herramientas de socialización que ofrece la web 2.0, tienen la posibilidad de
incidir profundamente en la imagen pública de una compañía.
Las
marcas están obligadas a responder a los consumidores en tiempo y forma, a
mostrarse receptivas y dispuestas a resolver sus problemas para evitar la
venganza de navegantes disconformes. Pero siempre, por impecable que sea una
política de atención al cliente, habrá una porción de usuarios insatisfechos
dispuestos a aprovechar el potencial Facebook, Twitter o YouTube para dar a
conocer su historia. Por eso, es esencial que las marcas realicen un
seguimiento periódico de su reputación online, para evitar episodios nocivos
que puedan dañar de forma significativa su imagen pública.
http://www.puromarketing.com/42/11550/venganza-consumidores-sirve-redes-sociales.html
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